08 Nov

XXXII Domingo del Tiempo Ordinario

La Virgen María nos sostiene en dar al Señor y a los hermanos, no algo nuestro, sino a nosotros mismos, en una ofrenda humilde y generosa.

EL ESCRIBA Y LA VIUDA

El evangelio de hoy resalta dos figuras opuestas: el escriba y la viuda. El escriba representa a las personas importantes, ricas, influyentes; la viuda representa a los últimos, a los pobres, a los débiles. El juicio resuelto de Jesús contra los escribas se refiere a aquellos que alardean de su posición social, que se enorgullecen del título de “rabí” (maestro), a quienes les gusta que les reverencien y ocupar los primeros puestos. Lo peor es que se sirven de Dios para proclamarse como los defensores de su ley. Y esta actitud de superioridad y de vanidad les lleva a despreciar a los que cuentan poco o se encuentran en una posición económica desaventajada, como es el caso de las viudas.
Jesús desenmascara este mecanismo perverso: denuncia la opresión instrumentalizada de los débiles por motivos religiosos, diciendo claramente que Dios está del lado de los últimos. Y les pone un ejemplo viviente: una pobre viuda, cuya posición social era insignificante porque no tenía un marido que pudiera defender sus derechos, y por eso era presa fácil para algún acreedor sin escrúpulos. Esta mujer echará en el tesoro del templo solamente dos moneditas, todo lo que le quedaba, y hace su ofrenda intentando pasar desapercibida, casi avergonzándose. Pero, con esta humildad, ella cumple una acción de gran importancia religiosa y espiritual. Ese gesto lleno de sacrificio no escapa a la mirada de Jesús, que ve brillar en él el don total de sí mismo en el que quiere educar a sus discípulos.
Las balanzas del Señor son diferentes a las nuestras. Pesa de manera diferente a las personas y sus gestos: Dios no mide la cantidad sino la calidad, escruta el corazón, mira la pureza de las intenciones. Esto significa que nuestro “dar” a Dios en la oración y a los demás en la caridad debería huir siempre del ritualismo y del formalismo, así como de la lógica del cálculo, y debe ser expresión de gratuidad, como hizo Jesús con nosotros: nos salvó gratuitamente, no nos hizo pagar la redención.
Y nosotros, debemos hacer las cosas como expresión de gratuidad. Por eso, Jesús indica a esa viuda pobre y generosa
como modelo a imitar de vida cristiana. (Francisco, Ángelus, 11/11/2018)

XXXII Domingo del Tiempo Ordinario

En esta sociedad de consumo, todos, en alguna medida, deseamos “tener más” para ‘asegurar nuestra vida’. En el fondo, nos falta fe. El dar cristiano es siempre un acto de fe y confianza a Dios.
La viuda pobre dio de su indigencia todo lo que tenía para vivir. Si hacemos un esfuerzo más, alguien sufrirá menos ya que las ofrendas que damos por amor – nuestro tiempo, nuestro amor, nuestros bienes –, siempre sirven para ayudar a los más necesitados .

Puedes acceder al documento desde el siguiente enlace: Pan del Alma 07 de noviembre.

Fuente: Salesianos Perú