27 Set

XXVI Domingo del Tiempo Ordinario

La Palabra de Dios hoy nos invita a juzgar personas e instituciones no desde nuestra óptica, sino desde una  perspectiva mucho más amplia: la del Reino de Dios, de su proyecto de amor y fraternidad para todos.

EL ESPÍRITU SOPLA DONDE QUIERE

En el Evangelio de hoy los discípulos habían visto que un hombre, el cual no formaba parte del grupo de los seguidores de Jesús, expulsaba a los demonios en el nombre de Jesús, y por eso querían prohibírselo. Juan informa al Maestro buscando su apoyo; pero Jesús responde: «No se lo impidan, pues no hay nadie que obre un milagro invocando mi nombre y que luego sea capaz de hablar mal de mí. Pues el que no está contra nosotros, está por nosotros».
Juan y los demás discípulos manifiestan una actitud de cerrazón frente a un suceso que no entra en sus esquemas. Sin embargo Jesús aparece plenamente abierto a la libertad del Espíritu de Dios, que en su acción no está limitado por ninguna frontera o algún recinto. Jesús quiere educar a sus discípulos en esta libertad interior. La actitud de los discípulos de Jesús es muy humana, muy común, y la podemos encontrar en las comunidades cristianas de todos los tiempos, probablemente también en nosotros mismos.
De buena fe, de hecho, con celo, se quisiera proteger la autenticidad de una cierta experiencia, tutelando al fundador o al líder de los falsos imitadores. Pero al mismo tiempo está como el temor de la «competencia» —esto es feo—, que alguno pueda robar nuevos seguidores, y entonces no se logra apreciar el bien que los otros hacen: no va bien porque «no es de los nuestros», se dice. Es una forma de autorreferencialidad. Es más, aquí está la raíz del proselitismo. Y la Iglesia —decía el Papa Benedicto— no crece por proselitismo, crece por atracción, es decir crece por el testimonio dado a los demás con la fuerza del Espíritu Santo.
La gran libertad de Dios al donarse a nosotros constituye un desafío y una exhortación a modificar nuestras actitudes y nuestras relaciones. Jesús nos llama a no pensar según las categorías de «amigo/enemigo», «nosotros/ellos», «quien está dentro/- quien está fuera», «mío/tuyo», sino para ir más allá, a abrir el corazón para poder reconocer su presencia y la acción de Dios también en ambientes insólitos e imprevisibles y en personas que no forman parte de nuestro círculo. (Francisco, Ángelus, 30/09/2018)

XXVI Domingo del Tiempo Ordinario

El sectarismo es una actitud lastimosamente muy común no sólo en los políticos, sino también en las sectas religiosas que nos invaden. El espíritu sectario, presente también en la Iglesia, nace de la convicción de que nosotros somos los dueños de la verdad y los únicos capaces de actuar honesta y correctamente.
La Palabra de Dios hoy nos invita a juzgar personas e instituciones no desde nuestra óptica, sino desde una perspectiva mucho más amplia: la del Reino de Dios, de su proyecto de amor y fraternidad para todos.
Es un mensaje duro, que nos desafía. Nosotros, ¿estamos o no estamos con Jesús?

Puedes acceder al documento desde el siguiente enlace: Pan del Alma 26 de setiembre.

Fuente: Salesianos Perú