13 Set

XXIII Domingo del Tiempo Ordinario

El sufrimiento nos desconcierta. Dios nos ha creado para la felicidad. Su gozo es que el hombre viva. Su plan consiste en invitarnos a trabajar juntos para construir la ‘civilización del amor’.

¿QUIÉN SOY YO PARA TI?

En el pasaje evangélico de hoy vuelve la pregunta que atraviesa todo el Evangelio de Marcos: ¿Quién es Jesús? Pero esta vez es Jesús mismo quien la hace a los discípulos, ayudándolos gradualmente a afrontar el interrogativo sobre su identidad. Antes de interpelarlos directamente, a los Doce, Jesús quiere escuchar de ellos qué piensa de Él la gente. Pero, en realidad, a Él no le interesan los sondeos de las habladurías de la gente. Tampoco acepta que sus discípulos respondan a sus preguntas con fórmulas prefabricadas.
El Señor quiere que sus discípulos de ayer y de hoy establezcan con Él una relación personal, y así lo acojan en el centro de sus vidas. Por este motivo los exhorta a ponerse con toda la verdad ante sí mismos y les pregunta: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?» (v. 29). Jesús, hoy, nos vuelve a dirigir esta pregunta tan directa y confidencial a cada uno de nosotros: «¿Tú quién dices que soy? ¿Vosotros quién decís que soy? ¿Quién soy yo para ti?». Cada uno de nosotros está llamado a responder, en su corazón, dejándose iluminar por la luz que el Padre nos da para conocer a su Hijo Jesús. Y puede sucedernos a nosotros lo mismo que le sucedió a Pedro, y afirmar con entusiasmo: «Tú eres el Cristo».
La profesión de fe en Jesucristo no puede quedarse en palabras, sino que exige una auténtica elección y gestos concretos, de una vida marcada por el amor de Dios, de una vida con tanto amor al prójimo. Jesús nos dice que para ser sus discípulos, se necesita negarse a uno mismo es decir, negar los pretextos del propio orgullo egoísta y cargar con la cruz. Después da a todos una regla fundamental. ¿Y cuál es esta regla? «Quien quiera salvar su vida, la perderá».
A menudo, en la vida nos equivocamos de camino, buscando la felicidad solo en las cosas o en las personas a las que tratamos como cosas. Pero la felicidad la encontramos solamente cuando el amor, el verdadero, nos encuentra, nos sorprende, nos cambia. ¡El amor cambia todo! Lo demuestran los testimonios de los santos. (Francisco, Ángelus, 16/09/2018)

XXIX Domingo del Tiempo Ordinario

Gastemos generosamente nuestra vida por Jesús y por los hermanos. El sufrimiento nos desconcierta. Dios nos ha
creado para la felicidad. Su gozo es que el hombre viva. Su plan consiste en invitarnos a trabajar juntos para construir la ‘civilización del amor’.
Pero, hasta que la historia no llegue a su término y el pecado, individual y social, siga ‘marcando’ nuestras vidas, será imposible caminar hacia Dios sin enfrentar dificultades, sacrificios y sufrimientos. Jesús sufrió mucho; y para seguirlo, debemos renunciar a nosotros mismos y cargar a cuestas nuestra propia cruz.

Puedes acceder al documento desde el siguiente enlace: Pan del Alma 13 de setiembre.

Fuente: Salesianos Perú