26 Jul

XVII Domingo del Tiempo Ordinario

¡Cuántas personas nobles, solidarias, sacrificadas continúan el milagro de multiplicar los panes para los hambrientos, medicamentos para los enfermos, trabajo para los desocupados, compañía para los tristes!

PAN PARA EL HAMBRE DEL MUNDO

El Evangelio de hoy presenta el relato de la multiplicación de los panes y de los peces. Jesús ordena a los discípulos que hagan que la gente se siente, luego toma cinco panes y dos peces, le da gracias al Padre y los distribuye, y todos comieron lo que quisieron.
Juan nos muestra a Jesús atento a las necesidades primarias de las personas. El episodio surge de un hecho concreto: las personas están hambrientas y Jesús involucra a sus discípulos para que este hambre se sacie. A la multitud, Jesús no se limitó a donar esto —ofreció su Palabra, su consuelo, su salvación, su vida—, pero ciertamente hizo también esto: se encargó del alimento para el cuerpo. Y nosotros, sus discípulos, no podemos hacer como si nada. Solamente escuchando las más sencillas peticiones de la gente o poniéndose cerca de sus situaciones existenciales concretas se podrá ser escuchado cuando se habla de valores superiores. El amor de Dios por la humanidad hambrienta de pan, de libertad, de justicia, de paz, y sobre todo de su gracia divina nunca falla.
Jesús continúa también hoy quitando el hambre, haciéndose presencia viva que da consuelo, y lo hace a través de
nosotros. El anuncio de Cristo, pan de vida eterna, requiere un generoso compromiso de solidaridad por los pobres, los débiles, los últimos, los indefensos. Esta acción de proximidad y de caridad es la mejor muestra de la calidad de nuestra fe, tanto a nivel personal como a nivel comunitario.
Cuando todos fueron saciados, Jesús dijo a los discípulos que recogieran los pedazos que habían sobrado, para que no se perdiera nada. Y yo quisiera proponeros esta frase de Jesús: «Recojan los trozos sobrantes para que nada se
pierda» (v. 12). Pienso en la gente que tiene hambre y en cuánta comida sobrante tiramos… que cada uno piense: el
alimento que sobra en la comida, la cena, ¿a dónde va? ¿En mi casa qué se hace con la comida que sobra? ¿Se tira? No. Nunca se tira la comida sobrante. Se vuelve a hacer o se da a quien pueda comerla, a quien tiene necesidad. (Francisco, Ángelus, 29/07/2018)

XVII Domingo del Tiempo Ordinario

¡Cuántas personas nobles, solidarias, sacrificadas continúan el milagro de multiplicar los panes para los hambrientos, medicamentos para los enfermos, trabajo para los desocupados, compañía para los tristes!
Jesús multiplicó los panes y los peces. El niño que los tenía entregó su vianda, aportó lo poco que tenía y Jesús realizó el milagro. Siempre podemos aportar nuestro granito de arena para aliviar el sufrimiento de un hermano. La ‘cultura de la solidaridad’ es el único camino posible para que todos puedan vivir dignamente como Dios quiere.

Puedes acceder al documento desde el siguiente enlace: Pan del Alma 25 de julio.

Fuente: Salesianos Perú