Estimados hermanos en Cristo Jesús:

Te lo voy a decir en pocas palabras: que sepas que aquí nosotros hacemos consistir la santidad en estar muy alegres. Procuramos por encima de todo huir del pecado, como de un gran enemigo que nos roba la gracia de Dios y la paz del corazón. En segundo lugar, tratamos de cumplir exactamente nuestros deberes y frecuentar las prácticas de piedad. Empieza desde hoy a escribir la frase: «Servir a Dios con alegría», solía decir Domingo Savio a todo aquel que llegaba a una casa salesiana.

Dos elementos de la santidad muy importantes que deseo compartir con todos los que formamos esta gran familia salesiana:

Ser santo consiste en estar alegres, una alegría que tiene su fundamento en huir del pecado, en huir de todo aquello que no nos ayuda a realizar el proyecto de Dios en nuestras vidas, una alegría donde tú y yo reímos por los pequeños y grandes éxitos que hemos conseguido, una alegría que nos invita a mirar la vida con optimismo y esperanza en los momentos donde la oscuridad a inundado nuestras vidas.

Ser santo consiste en realizar el mejor esfuerzo en los deberes que cada uno de nosotros tenemos, según nuestras responsabilidades para forjar esta gran familia salesiana. Los estudiantes necesitan realizar su mejor esfuerzo cada día para forjar su crecimiento intelectual, humano y espiritual. El personal del colegio necesita realizar su mejor esfuerzo para brindar a nuestros estudiantes aquellas oportunidades dentro de una sociedad que va cambiando constantemente. Los padres de familia necesitan realizar su mejor esfuerzo dando testimonio de unión en el proyecto educativo de la institución.

El mejor regalo de santidad que nos podemos dar cada uno de nosotros es realizar nuestro mejor esfuerzo por el bien de cada joven, personal de la Institución y padres de familia de la casa salesiana.

Con afecto,

 

Luis Zevallos Cajachagua sdb.

Promotor

 

Ser santo consiste en estar alegres, una alegría que tiene su fundamento en huir del pecado, en huir de todo aquello que no nos ayuda a realizar el proyecto de Dios en nuestras vidas, una alegría donde tú y yo reímos por los pequeños y grandes éxitos que hemos conseguido, una alegría que nos invita a mirar la vida con optimismo y esperanza en los momentos donde la oscuridad a inundado nuestras vidas.